«Sólo existía la certidumbre de un cadáver. La de Jordi Magraner era una muerte anunciada.»
Una mañana de verano, la policía encontró el cuerpo del zoólogo Jordi Magraner en su casa del Hindu Kush pakistaní. Había sido asesinado. Magraner llevaba quince años en las montañas estudiando la fauna, buscando al yeti y, sobre todo, viviendo en el paraíso que siempre había soñado.
De origen valenciano pero criado en Francia, Magraner encontró en los valles un lugar donde sentirse grande, como un auténtico gigante. Allí condujo caravanas, respiró la naturaleza salvaje, peleó por lo que creía, fue un líder carismático. Y amó. Hasta que el estallido de los talibanes lo volvió un sospechoso habitual. A pesar de las amenazas y la fuerte presión, Magraner defendió hasta el último día el mundo ideal que había creado. Seis años después de su muerte, las causas seguían irresueltas. Nadie fue condenado.
Gabi Martínez se interesó por esta historia y descubrió a un hombre asombroso, valiente y contradictorio. No podía dejar de contar su aventura, y averiguar los motivos del crimen se convirtió en una obsesión que lo llevó al Hindu Kush consciente de que, como su investigado, iba a arriesgar su vida. Sólo para gigantes habla de espíritus que creen en un mundo diferente y están dispuestos a luchar por él. Habla de sueños, dinero, amor y, esencialmente, de los límites de la libertad.
Extractos:
Sólo para gigantes
“Se habla de talibanes emboscados tras la última ofensiva del ejército pakistaní. Se
divisan llanuras imprevistas y hermosas. Se adivinan leyendas de las que nada se sabe
al otro lado de esta empalizada geológica que preserva poblados poco más que
medievales”.
“Hay grabaciones borrosas y fotos lejanas de Yetis, pero ninguna resulta lo bastante
fiable para avalar su existencia, así que la mayor parte del mundo está convencida de
que esa criatura pertenece al limbo de la fantasía. “Si no te duermes, vendrá el Yeti y
te comerá”, dicen a sus hijos los padres de las montañas. Porque para ellos, la bestia
es real. Y le conceden el rango de monstruo”.
“El 6 de diciembre de 1987 Jorge Federico Magraner iba a cumplir 29 años, y lo haría
en Islamabad. Mientras volaba hacia allí, las rotativas del principal periódico de
Valence quizá ya estuvieran imprimiendo el artículo sobre el zoólogo y el fotógrafo
que viajaban a los valles del norte pakistaní en busca de nuevas especies animales,
sobre todo de pájaros, reptiles y batracios…”.
“No aludió al principal objetivo de la misión: la posibilidad de encontrar rastros de
pies relativamente humanos. Jordi no había querido subrayar esa parte porque en
realidad no partía nada convencido de la existencia de hombres salvajes.”
“A la luz de los candiles, cenaron boles de arroz con pollo en salsa, rodajas de cebolla
con limón. Como postre se sirvieron frutos secosgranadas y manzanas… A los
nativos les precedía su arte para el fingimiento y por todas partes se oía hablar de
combatientes que huían de la guerra en Afganistán contra la URSS refugiándose en
los valles, gente armada, furiosa y hambrienta que sin duda merodeaba por la zona”.
“Descubrir que en tres valles de Chitral vivía una tribu pagana de origen indoeuropeo
capaz de producir vino y cuyas mujeres iban con la cara no sólo destapada sino que
también se la pintaban, fue lo que había terminado de convencerle de que aquel iba a
ser su destino. Por eso debía de sentir esos nervios. Había que reconocerlo, estaba
ilusionado. Qué ganas tenía de ver a los Kalash”.
“En Enero de 1990, los bosques de las partes bajas continuaban sufriendo la tala
incontrolada de árboles. La escasez de recursos fomentaba el negocio clandestino de
la madera, obligando a muchas especies animales a trasladar su hábitat a las regiones
altas. Se suponía que entre ellas se contaba el esquivo y solitario barmanu”.
“Erik comenzaba a asumir esa extraña capacidad de Jordi para relacionarse con los
nativos que años después le iba a permitir salir indemne de rifirrafes con talibanes
abrir rutas humanitarias por territorios que nadie más se había atrevido a cruzar”.
“Escucharon el eco de sus voces en las quebradas del valle de Kaghan y atravesaron
la llanura helada hasta alcanzar el antiguo Yaghistan, el País de los Ingobernables, una
de las zonas más salvajes y menos hospitalarias de Pakistán… el frío, los caminos
repletos de escollos y fosas, los puentes en mal estado y la indescifrable lengua de los
kohistanís y gudjars autóctonos complicaron aún más la ya agotadora marcha, que de
todos modos sirvió para delimitar una futura área de exploración”.
“Los exploradores realizaron entrevistas con testigos de cuyas descripciones
obtuvieron dibujos que igual recordaban a grandes simios que a osos vestidos; a
hombres prehistóricos que a individuos de diferentes razas o deformes… Erik se
sentía embriagado por la aventura, pletórico por vivirla. Su existencia tenía al fin un
sentido, era como si algo superior le guiara, le ganaba la impresión de que en
cualquier momento podía cruzarse con la criatura y arrojar su existencia a la faz del
mundo, como el guante de un desafío”.
“Cuando Ilal Khan señaló el lugar exacto donde había visto al barmanu, uno de esos
lugares a los que descienden las poblaciones que saben cazar y conocen los vegetales
comestibles, con aguas de las últimas nevadas, champiñones, pikas, esos pequeños
conejos, y grandes lagartos, la científica encajó piezas, todo cuadró”.
“La portada de Le Monde Diplomatique que Jordi palpaba todavía estirado anunciaba
un reportaje sobre el aumento de barbudos en Pakistán. Y lo peor era que esos
radicales estaban imponiendonormas que menguaban aún más unas libertades ya de
por sí muy limitadas”.
“Hace unos meses que ha nacido una nueva fuerza afganas, los talibán. Han
conquistado buena parte de Afganistán. Nadie sabe quién manda a esos talibanes,
“estudiantes de la religión”. Son religiosos, también fundamentalistas. Reciben las
órdenes del Pakistán, y las armas, el dinero viene de Estados Unidos. Afganistán se ha
convertido en el principal productor de heroína, además hay muchas armas…”.
“Erik l’Home: Cuando volví a Chitral en 1998, un amigo que trabajaba en la embajada
francesa nos pidió a Jordi y a mí que abriéramos bien las orejas si oíamos hablar de Osama
Bin Laden. Cuando Bin Laden aún no era Bin Laden. Es muy posible que otros
consideraran a Jordi un espía. De hecho, es uno de los móviles que se barajan para explicar
su asesinato, pero yo no le veo en ese papel.
No habría aceptado. No amaba lo bastante a Francia como para espiar para ella”.
“Ainullah cargaba con el lastre de su origen. Los afganos habían dejado de ser
bienvenidos en Chitral… Cuando en 1979 llegó la primera ola de refugiados a
Pakistán, los afganos fueron muy bien recibidos. Pronto, los ecos de la guerra y la
miseria intrínseca a los valles comenzaron a empeorar la situación de los chitralíes,
que pasaban hambre mientras veían cómo los refugiados afganos se beneficiaban de
la ayuda internacional distribuida por ACNUR”.
“Para Gyuri, Jordi encarnaba la felicidad, siempre comiendo y bebiendo de todo.
Hacía del sentirse bien y ser feliz y vivir la vida a fondo una parte fundamental de su
identidad. Demostraba una devoción casi mística por el carpe diem, sin duda eso tenía
que ver con su deseo de vivir de acuerdo con los kalash y los elementos
fundamentales que nos definen como seres humanos: la camaradería, el amor por la
diversión, la música, el baile, la cultura, proteger a los pobre, el medio ambiente, el
amor en general”.
lunes, 5 de septiembre de 2011
SOLO PARA GIGANTES . Gabi Martínez
Etiquetas:
Hermandades,
Noticias del frente
lunes, 5 de septiembre de 2011
SOLO PARA GIGANTES . Gabi Martínez
«Sólo existía la certidumbre de un cadáver. La de Jordi Magraner era una muerte anunciada.»
Una mañana de verano, la policía encontró el cuerpo del zoólogo Jordi Magraner en su casa del Hindu Kush pakistaní. Había sido asesinado. Magraner llevaba quince años en las montañas estudiando la fauna, buscando al yeti y, sobre todo, viviendo en el paraíso que siempre había soñado.
De origen valenciano pero criado en Francia, Magraner encontró en los valles un lugar donde sentirse grande, como un auténtico gigante. Allí condujo caravanas, respiró la naturaleza salvaje, peleó por lo que creía, fue un líder carismático. Y amó. Hasta que el estallido de los talibanes lo volvió un sospechoso habitual. A pesar de las amenazas y la fuerte presión, Magraner defendió hasta el último día el mundo ideal que había creado. Seis años después de su muerte, las causas seguían irresueltas. Nadie fue condenado.
Gabi Martínez se interesó por esta historia y descubrió a un hombre asombroso, valiente y contradictorio. No podía dejar de contar su aventura, y averiguar los motivos del crimen se convirtió en una obsesión que lo llevó al Hindu Kush consciente de que, como su investigado, iba a arriesgar su vida. Sólo para gigantes habla de espíritus que creen en un mundo diferente y están dispuestos a luchar por él. Habla de sueños, dinero, amor y, esencialmente, de los límites de la libertad.
Extractos:
Sólo para gigantes
“Se habla de talibanes emboscados tras la última ofensiva del ejército pakistaní. Se
divisan llanuras imprevistas y hermosas. Se adivinan leyendas de las que nada se sabe
al otro lado de esta empalizada geológica que preserva poblados poco más que
medievales”.
“Hay grabaciones borrosas y fotos lejanas de Yetis, pero ninguna resulta lo bastante
fiable para avalar su existencia, así que la mayor parte del mundo está convencida de
que esa criatura pertenece al limbo de la fantasía. “Si no te duermes, vendrá el Yeti y
te comerá”, dicen a sus hijos los padres de las montañas. Porque para ellos, la bestia
es real. Y le conceden el rango de monstruo”.
“El 6 de diciembre de 1987 Jorge Federico Magraner iba a cumplir 29 años, y lo haría
en Islamabad. Mientras volaba hacia allí, las rotativas del principal periódico de
Valence quizá ya estuvieran imprimiendo el artículo sobre el zoólogo y el fotógrafo
que viajaban a los valles del norte pakistaní en busca de nuevas especies animales,
sobre todo de pájaros, reptiles y batracios…”.
“No aludió al principal objetivo de la misión: la posibilidad de encontrar rastros de
pies relativamente humanos. Jordi no había querido subrayar esa parte porque en
realidad no partía nada convencido de la existencia de hombres salvajes.”
“A la luz de los candiles, cenaron boles de arroz con pollo en salsa, rodajas de cebolla
con limón. Como postre se sirvieron frutos secosgranadas y manzanas… A los
nativos les precedía su arte para el fingimiento y por todas partes se oía hablar de
combatientes que huían de la guerra en Afganistán contra la URSS refugiándose en
los valles, gente armada, furiosa y hambrienta que sin duda merodeaba por la zona”.
“Descubrir que en tres valles de Chitral vivía una tribu pagana de origen indoeuropeo
capaz de producir vino y cuyas mujeres iban con la cara no sólo destapada sino que
también se la pintaban, fue lo que había terminado de convencerle de que aquel iba a
ser su destino. Por eso debía de sentir esos nervios. Había que reconocerlo, estaba
ilusionado. Qué ganas tenía de ver a los Kalash”.
“En Enero de 1990, los bosques de las partes bajas continuaban sufriendo la tala
incontrolada de árboles. La escasez de recursos fomentaba el negocio clandestino de
la madera, obligando a muchas especies animales a trasladar su hábitat a las regiones
altas. Se suponía que entre ellas se contaba el esquivo y solitario barmanu”.
“Erik comenzaba a asumir esa extraña capacidad de Jordi para relacionarse con los
nativos que años después le iba a permitir salir indemne de rifirrafes con talibanes
abrir rutas humanitarias por territorios que nadie más se había atrevido a cruzar”.
“Escucharon el eco de sus voces en las quebradas del valle de Kaghan y atravesaron
la llanura helada hasta alcanzar el antiguo Yaghistan, el País de los Ingobernables, una
de las zonas más salvajes y menos hospitalarias de Pakistán… el frío, los caminos
repletos de escollos y fosas, los puentes en mal estado y la indescifrable lengua de los
kohistanís y gudjars autóctonos complicaron aún más la ya agotadora marcha, que de
todos modos sirvió para delimitar una futura área de exploración”.
“Los exploradores realizaron entrevistas con testigos de cuyas descripciones
obtuvieron dibujos que igual recordaban a grandes simios que a osos vestidos; a
hombres prehistóricos que a individuos de diferentes razas o deformes… Erik se
sentía embriagado por la aventura, pletórico por vivirla. Su existencia tenía al fin un
sentido, era como si algo superior le guiara, le ganaba la impresión de que en
cualquier momento podía cruzarse con la criatura y arrojar su existencia a la faz del
mundo, como el guante de un desafío”.
“Cuando Ilal Khan señaló el lugar exacto donde había visto al barmanu, uno de esos
lugares a los que descienden las poblaciones que saben cazar y conocen los vegetales
comestibles, con aguas de las últimas nevadas, champiñones, pikas, esos pequeños
conejos, y grandes lagartos, la científica encajó piezas, todo cuadró”.
“La portada de Le Monde Diplomatique que Jordi palpaba todavía estirado anunciaba
un reportaje sobre el aumento de barbudos en Pakistán. Y lo peor era que esos
radicales estaban imponiendonormas que menguaban aún más unas libertades ya de
por sí muy limitadas”.
“Hace unos meses que ha nacido una nueva fuerza afganas, los talibán. Han
conquistado buena parte de Afganistán. Nadie sabe quién manda a esos talibanes,
“estudiantes de la religión”. Son religiosos, también fundamentalistas. Reciben las
órdenes del Pakistán, y las armas, el dinero viene de Estados Unidos. Afganistán se ha
convertido en el principal productor de heroína, además hay muchas armas…”.
“Erik l’Home: Cuando volví a Chitral en 1998, un amigo que trabajaba en la embajada
francesa nos pidió a Jordi y a mí que abriéramos bien las orejas si oíamos hablar de Osama
Bin Laden. Cuando Bin Laden aún no era Bin Laden. Es muy posible que otros
consideraran a Jordi un espía. De hecho, es uno de los móviles que se barajan para explicar
su asesinato, pero yo no le veo en ese papel.
No habría aceptado. No amaba lo bastante a Francia como para espiar para ella”.
“Ainullah cargaba con el lastre de su origen. Los afganos habían dejado de ser
bienvenidos en Chitral… Cuando en 1979 llegó la primera ola de refugiados a
Pakistán, los afganos fueron muy bien recibidos. Pronto, los ecos de la guerra y la
miseria intrínseca a los valles comenzaron a empeorar la situación de los chitralíes,
que pasaban hambre mientras veían cómo los refugiados afganos se beneficiaban de
la ayuda internacional distribuida por ACNUR”.
“Para Gyuri, Jordi encarnaba la felicidad, siempre comiendo y bebiendo de todo.
Hacía del sentirse bien y ser feliz y vivir la vida a fondo una parte fundamental de su
identidad. Demostraba una devoción casi mística por el carpe diem, sin duda eso tenía
que ver con su deseo de vivir de acuerdo con los kalash y los elementos
fundamentales que nos definen como seres humanos: la camaradería, el amor por la
diversión, la música, el baile, la cultura, proteger a los pobre, el medio ambiente, el
amor en general”.
Una mañana de verano, la policía encontró el cuerpo del zoólogo Jordi Magraner en su casa del Hindu Kush pakistaní. Había sido asesinado. Magraner llevaba quince años en las montañas estudiando la fauna, buscando al yeti y, sobre todo, viviendo en el paraíso que siempre había soñado.
De origen valenciano pero criado en Francia, Magraner encontró en los valles un lugar donde sentirse grande, como un auténtico gigante. Allí condujo caravanas, respiró la naturaleza salvaje, peleó por lo que creía, fue un líder carismático. Y amó. Hasta que el estallido de los talibanes lo volvió un sospechoso habitual. A pesar de las amenazas y la fuerte presión, Magraner defendió hasta el último día el mundo ideal que había creado. Seis años después de su muerte, las causas seguían irresueltas. Nadie fue condenado.
Gabi Martínez se interesó por esta historia y descubrió a un hombre asombroso, valiente y contradictorio. No podía dejar de contar su aventura, y averiguar los motivos del crimen se convirtió en una obsesión que lo llevó al Hindu Kush consciente de que, como su investigado, iba a arriesgar su vida. Sólo para gigantes habla de espíritus que creen en un mundo diferente y están dispuestos a luchar por él. Habla de sueños, dinero, amor y, esencialmente, de los límites de la libertad.
Extractos:
Sólo para gigantes
“Se habla de talibanes emboscados tras la última ofensiva del ejército pakistaní. Se
divisan llanuras imprevistas y hermosas. Se adivinan leyendas de las que nada se sabe
al otro lado de esta empalizada geológica que preserva poblados poco más que
medievales”.
“Hay grabaciones borrosas y fotos lejanas de Yetis, pero ninguna resulta lo bastante
fiable para avalar su existencia, así que la mayor parte del mundo está convencida de
que esa criatura pertenece al limbo de la fantasía. “Si no te duermes, vendrá el Yeti y
te comerá”, dicen a sus hijos los padres de las montañas. Porque para ellos, la bestia
es real. Y le conceden el rango de monstruo”.
“El 6 de diciembre de 1987 Jorge Federico Magraner iba a cumplir 29 años, y lo haría
en Islamabad. Mientras volaba hacia allí, las rotativas del principal periódico de
Valence quizá ya estuvieran imprimiendo el artículo sobre el zoólogo y el fotógrafo
que viajaban a los valles del norte pakistaní en busca de nuevas especies animales,
sobre todo de pájaros, reptiles y batracios…”.
“No aludió al principal objetivo de la misión: la posibilidad de encontrar rastros de
pies relativamente humanos. Jordi no había querido subrayar esa parte porque en
realidad no partía nada convencido de la existencia de hombres salvajes.”
“A la luz de los candiles, cenaron boles de arroz con pollo en salsa, rodajas de cebolla
con limón. Como postre se sirvieron frutos secosgranadas y manzanas… A los
nativos les precedía su arte para el fingimiento y por todas partes se oía hablar de
combatientes que huían de la guerra en Afganistán contra la URSS refugiándose en
los valles, gente armada, furiosa y hambrienta que sin duda merodeaba por la zona”.
“Descubrir que en tres valles de Chitral vivía una tribu pagana de origen indoeuropeo
capaz de producir vino y cuyas mujeres iban con la cara no sólo destapada sino que
también se la pintaban, fue lo que había terminado de convencerle de que aquel iba a
ser su destino. Por eso debía de sentir esos nervios. Había que reconocerlo, estaba
ilusionado. Qué ganas tenía de ver a los Kalash”.
“En Enero de 1990, los bosques de las partes bajas continuaban sufriendo la tala
incontrolada de árboles. La escasez de recursos fomentaba el negocio clandestino de
la madera, obligando a muchas especies animales a trasladar su hábitat a las regiones
altas. Se suponía que entre ellas se contaba el esquivo y solitario barmanu”.
“Erik comenzaba a asumir esa extraña capacidad de Jordi para relacionarse con los
nativos que años después le iba a permitir salir indemne de rifirrafes con talibanes
abrir rutas humanitarias por territorios que nadie más se había atrevido a cruzar”.
“Escucharon el eco de sus voces en las quebradas del valle de Kaghan y atravesaron
la llanura helada hasta alcanzar el antiguo Yaghistan, el País de los Ingobernables, una
de las zonas más salvajes y menos hospitalarias de Pakistán… el frío, los caminos
repletos de escollos y fosas, los puentes en mal estado y la indescifrable lengua de los
kohistanís y gudjars autóctonos complicaron aún más la ya agotadora marcha, que de
todos modos sirvió para delimitar una futura área de exploración”.
“Los exploradores realizaron entrevistas con testigos de cuyas descripciones
obtuvieron dibujos que igual recordaban a grandes simios que a osos vestidos; a
hombres prehistóricos que a individuos de diferentes razas o deformes… Erik se
sentía embriagado por la aventura, pletórico por vivirla. Su existencia tenía al fin un
sentido, era como si algo superior le guiara, le ganaba la impresión de que en
cualquier momento podía cruzarse con la criatura y arrojar su existencia a la faz del
mundo, como el guante de un desafío”.
“Cuando Ilal Khan señaló el lugar exacto donde había visto al barmanu, uno de esos
lugares a los que descienden las poblaciones que saben cazar y conocen los vegetales
comestibles, con aguas de las últimas nevadas, champiñones, pikas, esos pequeños
conejos, y grandes lagartos, la científica encajó piezas, todo cuadró”.
“La portada de Le Monde Diplomatique que Jordi palpaba todavía estirado anunciaba
un reportaje sobre el aumento de barbudos en Pakistán. Y lo peor era que esos
radicales estaban imponiendonormas que menguaban aún más unas libertades ya de
por sí muy limitadas”.
“Hace unos meses que ha nacido una nueva fuerza afganas, los talibán. Han
conquistado buena parte de Afganistán. Nadie sabe quién manda a esos talibanes,
“estudiantes de la religión”. Son religiosos, también fundamentalistas. Reciben las
órdenes del Pakistán, y las armas, el dinero viene de Estados Unidos. Afganistán se ha
convertido en el principal productor de heroína, además hay muchas armas…”.
“Erik l’Home: Cuando volví a Chitral en 1998, un amigo que trabajaba en la embajada
francesa nos pidió a Jordi y a mí que abriéramos bien las orejas si oíamos hablar de Osama
Bin Laden. Cuando Bin Laden aún no era Bin Laden. Es muy posible que otros
consideraran a Jordi un espía. De hecho, es uno de los móviles que se barajan para explicar
su asesinato, pero yo no le veo en ese papel.
No habría aceptado. No amaba lo bastante a Francia como para espiar para ella”.
“Ainullah cargaba con el lastre de su origen. Los afganos habían dejado de ser
bienvenidos en Chitral… Cuando en 1979 llegó la primera ola de refugiados a
Pakistán, los afganos fueron muy bien recibidos. Pronto, los ecos de la guerra y la
miseria intrínseca a los valles comenzaron a empeorar la situación de los chitralíes,
que pasaban hambre mientras veían cómo los refugiados afganos se beneficiaban de
la ayuda internacional distribuida por ACNUR”.
“Para Gyuri, Jordi encarnaba la felicidad, siempre comiendo y bebiendo de todo.
Hacía del sentirse bien y ser feliz y vivir la vida a fondo una parte fundamental de su
identidad. Demostraba una devoción casi mística por el carpe diem, sin duda eso tenía
que ver con su deseo de vivir de acuerdo con los kalash y los elementos
fundamentales que nos definen como seres humanos: la camaradería, el amor por la
diversión, la música, el baile, la cultura, proteger a los pobre, el medio ambiente, el
amor en general”.
